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Agricultura y demografía


La poblaron maya se disponía sobre el paisaje en asentamientos caracterizados por la dispersión, no aglutinados y escasamente especializados. Esto quiere decir que el grueso correspondía a labriegos que vivían cerca de sus milpas. Durante el periodo formativo, las tierras bajas son gradualmente ocupadas por colectividades poco numerosas que proceden sobre todo de la región altiplánica. Esta gente se sitúa cerca de las corrientes de agua, ríos, lagos aguadas y cenotes, disfrutando de los fértiles sedimentos de las orillas para practicar una agricultura de aluvión, y dando gran valor a la caza y a la pesca como actividades complementarias de subsistencia. Poco a poco, a medida que se hace sentir la presión demográfica y la necesidad correlativa de nuevas tierras, se van poblando las áreas interiores, erigiéndose entonces los centros ceremoniales en medio de los bosques, dependientes para su mantenimiento de un cinturón de cultivo de distinta anchura. Se ha señalado precisamente que estos procesos de expansión hacia zonas económicamente menos favorables pudieron conducir de manera paradójica a la aceleración del desarrollo sociopolítico, por que las dificultades de penetración y explotación de la selva debieron fortalecer las pautas de cooperación, así como la carencia de ciertos lugares de agua dulce superficial obligo a la construcción comunitaria de estanques para recoger la de lluvia o al acondicionamiento de los bajos y aguadas. La gran cantidad de trabajo organizado que fue necesario para construir y mantener este sistema hidráulico pudo jugar un papel vital al orientar a los mayas hacia la coordinación control social que les permitió acceder a la civilización. Existen pruebas arqueológicas y etnohistoricas de la excavación de depósitos para agua en otros lugares de América y no siempre se hallan en la vía evolutiva de las culturas complejas; igualmente, los grandes estanques, del tipo de los de Tikal, pueden ser resultado de la autoridad ejercida sobre la mano de obra campesina durante el periodo clásico, y por lo tanto mas el efecto que la causa de la aparición de estructuras de poder centralizado. En el estudio de la demografía maya hay que tener en cuenta los limites ambientales al crecimiento de la producción de alimentos, es lo que suele denominar capacidad de mantenimiento de un medio dado. Antes de aproximarse a esta figura conviene recordar que:


En el peten, y sobre todo en Yucatán, se han realizado observaciones, de las que se deduce que una familia indígena de cinco personas consume unos 1.300 kilos de maíz al año. Esta cantidad puede producirse en una superficie cultivada de algo más de una hectárea dividida en parcelas de primer y segundo año. Suponiendo en la antigüedad un tiempo de barbecho de doce años, parecido al que se acostumbra guardar actualmente en Yucatán, las necesidades familiares de subsistencia estarían cubiertas disponiendo de un terreno de ocho hectáreas y media aproximadamente, que se elevarían por encima de doce, contabilizando un volumen adicional de grano para almacenamiento domestico, semillas, tributo, etcétera. Con estos cálculos, y estimando muy moderadamente en un 50% de la tierra cultivable, el área pudo mantener, sin recurrir ineludiblemente a trabajos extraordinarios de intensificación de la producción, a unas treinta personas por kilómetro cuadrado.
Un computo analogo se obtiene en el Peten, donde, de los 30.000 kilómetros cuadrados de extensión, se suponen dos millones de hectáreas cultivables, que se repartirán a razón de ocho a diez para cada familia de unas cinto personas, lo que permite una población de un millón de habitantes con densidades de 33 personas por kilómetro cuadrado.
El sistema de Roza podía mantener a unas 37 personas por kilómetro cuadrado de campo útil. Sin embargo, en el Petèn se puedo alcanzar una densidad entre 29 y 78 habitantes por kilómetro cuadrado. En estos ensayos aritméticos se suele aceptar que el rendimiento energético del maíz era semejante al actual, lo que no deja de ser dudoso luego de los estudios hechos sobre los viejos tripsacoides, por ejemplo la raza Nal-Tel. Con tantas variables difíciles de controlar, no es extraño que las cifras globales de población que los investigadores han ofrecido para las tierras bajas oscilen desde el millón hasta los trece millones de habitantes. Al admitir un amplio margen para los valores de rendimiento agrícola hay que aplicar la misma cautela en el avance de números sobre la población total, al menos mientras no se disponga de más estudios regionales o incluso locales representativos de las posibilidades de explotación de zonas ecológicas mas importantes. Bajo la frase de “tierras bajas” se incluyen muy diversos ecosistemas, regiones con profundas diferencias en cuanto al régimen de lluvias, vegetación, masas de agua superficiales, edafología, etcétera; lo cual complica enormemente el calculo aproximado del volumen de tierras cultivables y todavía mas precario el de la productividad anual por hectárea.

Los asentamientos:
El interés de los arqueólogos mayistas se ha circunscrito durante décadas a la exploración de los conjuntos de ruinas monumentales conocidos como centros ceremoniales. Allí están las mejores creaciones de la arquitectura maya, las pirámides, los templos, los palacios, los juegos de pelota, las bellas esculturas, los suntuosos enterramientos, y muy especialmente las inscripciones jeroglíficas buscadas con afán por los epigrafistas. Estos sitios fueron habitados exclusivamente y de manera esporádica, por la aristocrática minoría que ostentaba funciones políticas y religiosas, acompañadas de grupos de servidores y artesanos adscritos al ritual o destinados a la manufactura de ciertos bienes de lujo. Al iniciarse el estudio sistemático de las viviendas rurales se fueron descubriendo cientos de montículos cercanos a los centros ceremoniales que contenían plataformas bajas, de tierra y mampostería, cuyas dimensiones eran análogas a las de las chozas mayas modernas. En pocos casos se encontraron sobre esas plataformas construcciones de piedra con falsa bóveda, y con mayor frecuencia enterramientos en el interior, aunque al aparecer rotos los pisos superiores de estuco se dedujo que no era este fin funerario el que había guiado a los que levantaron las modestas estructuras. Se recuperaron muchos objetos de uso domestico, como recipientes y molinos, que denunciaban claramente el carácter residencial de los montículos. Las plataformas se hallaban aisladas o bien formando pequeñas agrupaciones en torno a un patio o plaza central. Como el tamaño variaba considerablemente de unas a otras, entre cinco y veinte metros de largo y cuatro a diez de ancho, se podía pensar en funciones especificas, lo que acentuaba semejanzas con las unidades de habitación de los indígenas actuales, que disponían de recintos independientes para dormitorio, almacén, corral,. Unido el problema de la distribución espacial y de identificar las distintas dependencias estaba el de asignar como ocupantes de cada conjunto a una familia nuclear o extensa. En cualquier caso ni la disposición de las viviendas ni la elección del terreno para ubicarlas son arbitrarias, se buscaron lugares próximos a fuentes de agua y a las tierras mas propicias en zonas altas y bien drenadas lo que indica que no hay ruinas en los bajos, que se inundan en la estación de lluvias, y que se eligieran preferentemente las márgenes de ríos y lagos en las cercanías de posos naturales y aguadas.
Las cabañas naturales perecederos que se originan sobre las plataformas requerían de renovaciones periódicas en el duro clima tropical. En Yucatán se hacían casas nuevas cada diez o doce años y aunque algunos amplían ese plazo hasta veinticinco años, lo cierto es que las adiciones y reparaciones detectadas en los bastamentos sugieren que muchas viviendas fueron ocupadas sin interrupción por varias generaciones que no siempre se abandonaban para construir otras de nueva planta sino que sustituían gradualmente las partes mas dañanadas por la humedad. Se calcula que una choza individual podía albergar a cinco personas, tamaño aproximado de la familia nuclear, es decir la pareja con sus hijos solteros. Al tratarse de de conjuntos de dos o cinco plataformas es posibles que fueran residencia, además de los conyugues de los hijos y su prole.
En un minucioso reconocimiento del noroeste de Petén se llego a establecer que las unidades domesticas de habitación se reúnen a su vez en numero de cinco a doce formando lo que llamó grupos que ocupan áreas de 200 a 300 metros de diámetro y quizás constituían la residencia de un patrilinaje. Los grupos forman también unidades mayores, denominadas zonas sobre una superficie de km/2, las zonas contienen de cincuenta a cien viviendas están polarizadas por un pequeño centro ceremonial con templos y palacios pero sin juegos de pelota.
Si bien el noroeste de Petén no es toda el área maya, los conocimientos del patrón de asentamiento en las tierras bajas han crecido considerablemente, lo cierto es que este modelo no solo es aplicable a la situación rural donde el periodo Clásico, sino en otras épocas y regiones. Todavía hoy se conserva en muchos lugares un tipo semejante de distribución e integración de las casas en el paisaje boscoso. Allí donde la organización social y campesina se ha modificado en profundidad y ha permanecido el viejo sistema agrícola, la oblación aparece dispersa en términos de un orden Físico, económico y simbólico que recuerda el de la antigüedad